La gran traición de los generales de Maduro Por Omar González Moreno
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Mar de Fondo
· La gran traición de los generales de Maduro
Por Omar González Moreno
Durante más de veinte y seis años, mientras Venezuela se hundía en la miseria y millones de familias eran expulsadas al exilio por el hambre, un puñado de generales y altos funcionarios convirtieron al país en una autopista del narcotráfico internacional.
Millas de toneladas de cocaína cruzaron territorio venezolano rumbo a Estados Unidos y Europa con la complicidad —ya veces la protección abierta— de quienes juraron defender la soberanía.
Fue una traición monumental, no solo a la ley, sino a un pueblo entero.
Lo que el mundo conoce hoy como el Cartel de los Soles no es una metáfora ni un invento mediático.
Es la descripción de una élite militar y política que montó un sistema de sobornos, rutas clandestinas, pistas aéreas y operaciones marítimas para garantizar que la cocaína saliera segura desde Venezuela.
Mientras los venezolanos hacían colas para conseguir pan, los jefes del régimen acumulaban fortunas por dejar pasar cargamentos sucios a cambio de millones de dólares.
La magnitud del escándalo es tan profunda que la administración Trump se prepara para designar al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, una etiqueta reservada para estructuras criminales de altísima peligrosidad.
Según múltiples expedientes, al frente de esta red está el propio Nicolás Maduro, sobre quien pesa una recompensa de 50 millones de dólares por narcotráfico y terrorismo.
No es un jefe de Estado, es el jefe de un conglomerado criminal.
Por eso Estados Unidos ha desplazado al Caribe su mayor flota en décadas, incluido el portaaviones más avanzado del planeta, bajo la Operación Lanza del Sur, dirigido a desarticular las rutas del narcotráfico y presionar a un régimen que entró al país bajo corrupción y violencia.
Las acusaciones no son nuevas. Desde tiempos de Hugo Chávez ya se gestaba esta alianza oscura entre generales venezolanos, altos funcionarios y guerrilleros colombianos.
Maduro heredó ese sistema y lo llevó al extremo, mientras Venezuela colapsaba con un 80% de caída del PIB, elecciones robadas y ocho millones de ciudadanos escapando del infierno.
Hoy, el mundo mira con incredulidad cómo un país que no produce cocaína ni tiene laboratorios significativos fue transformado en un centro global del tráfico de drogas, destruido moralmente por quienes usaron los uniformes y la autoridad para delinquir.
No fue solo narcotráfico. Fue un proyecto de control: usar la cocaína como arma para inundar a Estados Unidos y financiar la maquinaria represiva que asfixió a Venezuela.
No fueron fuerzas invasoras ni mafias extranjeras. Fueron los hombres de soles dorados en las charreteras, los que debían proteger al país.
La historia los juzgará por lo que son: no generales de la República, sino operadores de un régimen narcoterrorista que convirtió a Venezuela en una tragedia global.